El inicio del trabajo asalariado
Un factor clave para comprender el nacimiento y desarrollo de la revolución industrial es la transformación que sufrió el trabajo, que de ser la actividad propia de la vida humana, vinculada a las necesidades vitales del hombre, pasó a convertirse en algo desgajado del resto de la vida, exclusivamente en un medio para obtener un salario.
En los siglos anteriores, los campesinos y los artesanos eran los dueños de sus medios de producción y, por tanto, su trabajo dependía de ellos mismos y de sus necesidades. Si bien el trabajo de los artesanos estaba regulado y controlado por los gremios, el trabajo se realizaba en la propia casa o en el taller y, de algún modo, el ritmo y la intensidad del trabajo eran marcados personalmente por el propio trabajador.
Las políticas liberales, privatizando las tierras y liberándolas de las trabas feudales (una red de derechos, usos y costumbres que impedían su venta y explotación en términos capitalistas), obligaron a muchos de los antiguos siervos feudales a que marcharan a la ciudad para vender su trabajo como asalariados. A la vez, al aumentar el tamaño de explotación y la relación de tierra per cápita, se favoreció una mayor capitalización de las explotaciones, las cuales se volvieron mucho más productivas.
No hay que olvidar el trabajo de los legisladores imponiendo como única forma de vida legal y honrada el trabajo o la percepción de rentas o beneficios. Así surgieron leyes "contra vagos y maleantes", o leyes que prohibían la mendicidad e imponían la obligación de trabajar, incluso, si fuera preciso, en casas cárceles preparadas para ello.
De esta forma, el trabajo asalariado quedó como única alternativa para numerosas capas de la población que tuvieron que desarraigarse de sus lugares de origen para buscar trabajo en las fábricas de los grandes centros urbanos. Se desarrolló así una nueva forma de trabajar: el sistema fabril.
Con el desarrollo de máquinas más complejas y de nuevas tecnologías, pronto el comerciante se convertiría en empresario, es decir, invertía y arriesgaba un capital a fin de rentabilizarlo. Por eso se intensificó la necesidad de que todo fuera calculable para poder estudiar y deducir los riesgos de las inversiones. Esto fue posible mediante la transformación del trabajo en trabajo asalariado, mercancía que se guía por las leyes del mercado. Así, la fábrica sería el último gran elemento para comprender las profundas transformaciones que ocasionó la revolución industrial.
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| André Gorz (1923-2007) |

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