Al igual que el resto de España, Andalucía conoció durante el siglo XVIII un gran desarrollo demográfico, debido, entre otros factores, al crecimiento económico. La agricultura se benefició de algunos avances, como el aumento de la superficie cultivada, ocupada, en su mayor parte, por trigo, vides y olivos (trilogía mediterránea). Sin embargo, persistían ciertos problemas originados por el bajo nivel técnico y el gran número de jornaleros que trabajaban en los latifundios. También se pusieron en marcha algunas industrias, entre las que sobresalieron la Real Fábrica de Tabacos y la Casa de la Moneda, ambas en Sevilla. Cabe destacar, asimismo, la industria nabal de Cádiz y la siderurgia de la zona de Málaga. Aunque se produjeron ciertos cambios, la sociedad mantuvo la estructura estamental: los grandes mercaderes ocuparon un lugar privilegiado por su riqueza; la nobleza, aunque minoritaria, gozaba de un gran poder económico y político gracias al apoyo prestado a Felipe V durante la Guer...