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Los judíos en la época de Jesús (siglo I d.C.)

Dominados por el Imperio Romano, los judíos de Palestina, en el siglo I, seguían fieles a la religión de sus antepasados. El único lugar de culto seguía siendo el Templo de Jerusalén, en el que celebraban los sacrificios los sacerdotes. Pero la mayoría de las ciudades y aldeas de Palestina tenían una sinagoga, un lugar en el que se reunían para rezar y comentar la Biblia; estos comentarios solían correr a cargo de los rabinos (maestros conocedores de los libros sagrados judíos). En este momento la religiosidad judía presentaba dos características destacadas: a) Una observancia muy rigurosa de los miles de preceptos de la Ley, preconizada especialmente por el grupo religioso de los fariseos. b) Una visión politizada del papel del futuro Mesías: concebido como liberador político frente al poder romano. Esta tendencia era muy fuerte en el grupo de los zelotas.

La obra de los profetas

Una vez entregadas las tierras de Palestina por Yahvé, a través de Moisés, al pueblo hebrero, éste logró crear allí un reino floreciente que alcanzó su apogeo en época del rey David (siglo X a.C.). Pero durante el I milenio a.C. el pueblo judío quedó sometido, en forma más o menos directa, a los grandes imperios que se sucedieron en las tierras de Oriente Medio: Imperio Asirio, Segundo Imperio de Babilonia, Imperio Persa, reinos helenísticos y, finalmente, al Imperio Romano. Durante este I milenio aparecen en el mundo judío unos personajes que harán evolucionar el sentido religioso de este pueblo: son los profetas. La obra de los profetas está tratada ampliamente en la Biblia en los Libros de los Profetas : Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel, etc. Los profetas eran predicadores que en nombre de Dios se dirigían al pueblo judío; en su actuación existía una preocupación básica: mantener la fidelidad del pueblo a Yahvé. Pero, al analizar esta fidelidad, descubren los profetas que ...

Orígenes del pueblo hebreo

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El pueblo hebreo se presentaba a sí mismo como descendiente de un jefe de pastores -Abraham- que, procedente de Mesopotamia (Ur), había emigrado a Palestina. Un Dios único y poderoso empieza a establecer contactos con Abraham; le ofrece la tierra de Palestina, le protege y le hace un promesa: le hará padre de un gran pueblo, el pueblo hebreo. Abraham responde a esta actitud de la divinidad con una extraordinaria fidelidad y confianza. Los descendientes de Abraham, emigrados a Egipto a la cuarta generación, fueron convertidos en pueblo esclavo por los faraones egipcios. Pero una vez más el Dios de los hebreos interviene en su favor; el segundo libro de la Biblia -el Éxodo- está destinado a explicar cómo Dios, por medio de Moisés, libera al pueblo hebreo sacándolo de Egipto. Es entonces cuando empieza la obra de formación del pueblo hebreo. A lo largo de una durísima estancia en el Sinaí, Moisés educa a su pueblo dándole una personalidad. La lectura atenta del Éxodo revela cuál era, a lo...