Los primeros cambios sociales de la revolución industrial
La revolución industrial también supuso una auténtica revolución en el ámbito social. Veamos algunos cambios iniciales importantes:
1. Urbanización
La emigración de masas trabajadoras desposeídas de sus medios de producción (pequeños agricultores y artesanos) fue un elemento clave para el despegue industrial y la invención de una nueva forma de trabajar: el trabajo asalariado. Surgió una nueva clase social: el proletariado, que sólo contaba con su fuerza de trabajo para sobrevivir.
Las ciudades industriales experimentaron un crecimiento acelerado, incapaz, en muchos casos, de absorber de forma adecuado ese impacto humano. Las condiciones de vida, higiene, servicios e infraestructuras en los grandes barrios obreros se convirtieron en uno de los problemas centrales de la nueva sociedad.
La vida en las ciudades supuso importantes cambios en el sistema de valores y en las formas de vida y solidaridad entre las personas, así como en el uso del tiempo, dándose una clara separación entre el tiempo de trabajo y el de ocio, entre el espacio público y el privado.
Desde el punto de vista de la estructura social, la revolución industrial trajo consigo una mayor movilidad social. En el Antiguo Régimen, la posición social estaba vinculada fundamentalmente al nacimiento y al patrimonio heredado. Se nacía noble, vasallo, burgués... y existía una serie de derechos y obligaciones para cada estamento. El cambio de posición social era muy raro y difícil. En cambio, la nueva sociedad se estructuró en clases sociales, es decir, a partir del lugar que se ocupaba en la producción, por lo que las posiciones eran adquiridas y cambiantes en función del trabajo y del esfuerzo de los individuos.
2. La cuestión social
Durante la primera revolución industrial predominó la política del laissez faire, que condujo a una situación insostenible para la clase obrera. Los trabajadores vivían en condiciones de miseria y explotaciones extremas, hacinados en las ciudades, con unas ínfimas condiciones higiénicas y de vida, con horarios de trabajo interminables, sin derechos sindicales ni sociales, con las antiguas instituciones reguladoras del trabajo desmanteladas, sin seguros sociales en una época en la que los accidentes laborales eran demasiado frecuentes, pues el ahorro de costes llevaba a trabajar en condiciones peligrosas y precarias, etc. Esto generó una situación explosiva de revueltas y protestas sociales, que suscitó finalmente la preocupación de las autoridades, recibiendo el nombre de la «cuestión social».
La presión obrera y la emergencia de las primeras organizaciones obreras llevaron a reconocer la intervención del Estado como regulador e introductor de orden en el mercado, so pena de crear situaciones de revolución social que hundiesen el propio mercado y la viabilidad de la economía. Surgieron así, a caballo entre los siglos XIX y XX, las primeras leyes laborales y el Derecho del Trabajo.
En esta lucha fue también clave la conquista del derecho universal de voto, es decir, también para las clases trabajadoras, excluidas de él en contra de las proclamas liberales, mediante fórmulas como el voto censitario.
La intervención del Estado se fue haciendo cada vez más intensa hasta culminar, tras la Segunda Guerra Mundial, en la constitución del estado de bienestar.

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