La Hispania de los visigodos

Al llegar a Hispania, los visigodos eran probablemente el pueblo germánico más romanizado. Hacía unos 35 años que vivían ya dentro de las fronteras del Imperio. Los guerreros que ocuparon Barcino (Barcelona) en el año 415 habían nacido, en su mayoría, dentro del Imperio.

Se establecieron a ambos lados de los Pirineos, preferentemente en la Galia. Aunque aceptaron el latín como idioma común con los hispanos y galo-romanos, les separaban de ellos su religión (arrianismo, herejía del cristianismo) y sus leyes consuetudinarias, o sea, las costumbres que tradicionalmente habían adoptado como leyes. En principio no hicieron nada por mezclarse con los pueblos dominados. Incluso estructuraron dos códigos de leyes distintos: el Código de Eurico para los visigodos y el Código de Alarico II para los hispanos y galo-romanos.

Expulsados de la Galia a principios del siglo VI, se asentaron en la península y establecieron su capital en Toledo. Eran pocos, como todos los pueblos germanos. Sobre una población de unos 4 ó 5 millones de hispano-romanos, los visigodos eran apenas unos 200.000.

Parace ser que se asentaron preferentemente en la Meseta, sobre todo en el valle del Duero y que sólo tuvieron pequeñas guarniciones en otras regiones (Andalucía). Mantuvieron la economía rural del Bajo Imperio Romano. Repartieron entre ellos grandes lotes de tierras (latifundios) que hacían trabajar por mano de obra esclava (siervos). Los sistemas de trabajo y los cultivos fueron los mismos del mundo romano: barbecho, arado romano, cereales, vid, ganado ovino y caballar...

Los problemas, una vez concentrados en Hispania, se agudizaron rápidamente. Aumentaron los roces religiosos con los hispano-romanos que culminaron en la rebelión de Andalucía y la muerte del príncipe Hermenegildo, hijo del propio rey Leovigildo, que se había convertido al cristianismo. En el III Concilio de Toledo (589), el rey Recaredo, hermano de Hermenegildo, se convirtió al cristianismo y con él la mayoría del pueblo visigodo.

La unidad legislativa se consiguió más tarde, en el siglo VII, cuando los reyes Chindasvinto y Recesvinto crearon un código común para los dos pueblos, el Fuero Juzgo o "Libro de los Jueces". Hispano-romanos y visigodos vivían ya bajo una misma cultura; la fusión de los pueblos debió de hacerse lentamente. Pero quizá demasiado tarde. Cuando en el año 711 un cuerpo de tropas bereberes desembarcó en Gibraltar y venció al ejército en la batalla de Guadalete, el reino visigodo desapareció, sin oponer mayor resistencia a los nuevos invasores.

Como en el resto de la Europa de los reinos germánicos, los visigodos dejaron una pobre cultura, preferentemente derivada de la romana. Uno de los centros culturales más importantes debió ser Sevilla donde San Isidoro recopiló los restos de cultura romana en su Etimologías, obra que continuaron en Zaragoza sus discípulos Braulio y Tajón. Desde el punto de vista artístico nos han llegado unas pequeñas basílicas (San Juan de Baños o Santa Comba de Bande) que presentan la originalidad del arco de herradura y abundantes obras de orfebrería (fíbulas, coronas votivas de Guarrazar).


Según reza una inscripción, esta pequeña iglesia visigoda de San Juan de Baños (Palencia) fue mandada construir por el rey Recesvinto, el autor del Fuero Juzgo, el año 661. Es una iglesia muy pequeña, de tres naves, muros gruesos y ventanas muy reducidas. Una novedad importante: el arco de herradura, que se ve perfectamente en la puerta.


Esta corona votiva, encontrada con otras 13 en el cementerio del pueblo toledano de Guarrazar, donde debieron ser escondidas en el momento de la invasión musulmana, es de tiempos del mismo monarca Recesvinto, que debió preocuparse por la cultura y el arte.


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