La civilización islámica
Entre los siglos VIII y XVI desarrolló una civilización importantísima de la que aprendió muchas cosas Europa. Uno de los puentes de enlace entre ambas civilizaciones fue Al-Andalus, la España musulmana, que durante el siglo X fue el centro más brillante del Islam.
La islámica es otra de las grandes civilizaciones que durante la Edad Media se asomó al Mediterráneo, y se fundamentaba en una nueva religión: el Islam.
Hoy en día continúa siendo una civilización importante. Domina una serie de países, a ambos lados del Trópico de Cáncer, que desde la costa atlántica de África alcanza el Turquestán y el valle del Indo (Pakistán). Fuera de este núcleo central, el Islam se prolonga por Bangla-Desh hasta Indonesia y está adquiriendo un gran desarrollo en el África negra. Se extiende por una amplia zona de tierras esteparias o desérticas de pueblos pastores seminómadas, con valles y oasis de ricas agriculturas de regadío (Nilo, Damasco, Indo...). Es una religión adaptada a una civilización de pastores y agricultores, con estructuras políticas autoritarias y patriarcales. Parece tener, hoy en día, graves problemas de convivencia con Occidente; sin embargo, hace mil años, Europa aprendió mucho del Islam.
2. Islam quiere decir sumisión
El creador de esta religión fue Mahoma, el profeta de Allah, su único dios. Mahoma era un árabe caravanero de La Meca, donde su familia-tribu, los coraichitas, tenían grandes intereses. En sus viajes conoció otras dos religiones que influyeron en su personalidad: la hebrea y la cristiana. La predicación de su doctrina le trajo problemas con su propia familia, que era politeísta y guardaba y veneraba un fetiche sagrado para todos los beduinos nómadas de Arabia: la Kaaba o Piedra Negra. Tuvo que huir de La Meca y refugiarse en la ciudad de Medina (Yatreb). Esta huida (Héjira) es para los musulmanes un hecho importante y el año en que tuvo lugar, el 622, ha pasado a ser el primero de su calendario.
Tras una serie de luchas logró regresar victorioso a La Meca y los últimos años de su vida los dedicó a predicar su religión entre los árabes que visitaban la Kaaba. A su muerte (632), toda Arabia estaba islamizada.
Su religión tuvo, y continúa teniendo, una gran fuerza, porque es muy sencilla. Un solo dios, Allah, es dueño de la creación y sus creyentes (musulmán quiere decir creyente) se consideran sometidos (Islam quiere decir sumisión) a su voluntad. Todas las cosas ocurren porque Allah las ha previsto así y el musulmán debe aceptarlas siempre. Mahoma es su último profeta y el más importante. Ningún otro dogma complica esta religión. Lo demás son normas de vida para llegar a ser un musulmán perfecto. Los discípulos de Mahoma las compilaron en un libro: el Corán. Las más importantes son:
La oración debe practicarse cinco veces al día, postrándose en dirección a La Meca.
La limosna y la hospitalidad para con todos los musulmanes y los extranjeros.
El ayuno prescrito desde el alba hasta la puesta del sol, durante el mes de Ramadán, noveno mes del año lunar árabe.
La peregrinación a La Meca una vez en la vida.
La guerra santa, que obliga a luchar contra los infieles para defender el Islam de cualquier ataque.
Hay otras muchas normas en el Corán que sirven para estructurar la vida y las costumbres de los creyentes. Así, no pueden comer carne de cerdo (para evitar posiblemente la triquinosis), no pueden beber vino, pueden casarse con varias mujeres, la mujer está sometida al hombre, pero se acepta el divorcio, deben ser tolerantes con las otras religiones, sobre todo con cristianos y judíos, no deben representar a Dios en ninguna forma escultórica o pictórica, etc.

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