La cultura islámica es la síntesis de otras culturas
La labor más importante que realizaron fue la de crear una cultura síntesis de todas las culturas de los pueblos que conquistaron o con que estuvieron en relación. El aglutinante básico fueron la religión y el idioma. Así aceptaron las formas de gobierno bizantinas, estudiaron a los filósofos griegos (Aristóteles, sobre todo) y los adaptaron a su mentalidad, copiaron las formas artísticas bizantinas (cúpula), persas, indias o visigodas (arco de herradura), introdujeron la numeración y las narraciones cortas de los indios, la pólvora, la brújula o el papel de los chinos... Con todo ello supieron crear una cultura muy personal que extendieron por todo el imperio y que en los siglos IX-XII fue una de las más avanzadas del mundo.
Eran musulmanes los mejores médicos, como Abubéker Mohamed ben Zacaría Arrazi (llamado Rhazes) o el médico del califa español Al-Hakam II, Abul Cassim el Zahraví; los mejores matemáticos, como Mohamed ben Musa Al-Juwarismi, los mejores filósofos como Avicena y Averroes, los mejores geógrafos como Ibn Jaldun, los mejores alquimistas y astrónomos... A través de Sicilia y de Al-Andalus, esta cultura se introdujo en Europa. Así los europeos conocieron la pólvora, el papel, la numeración arábiga, la brújula, el molino de viento o el cultivo del algodón y el arroz que están en la base de nuestra civilización.
El arte musulmán estuvo en función de la religión o de las clases económicamente ricas. En el primer aspecto crearon la mezquita, un edificio de amplios espacios para reunir a los creyentes en el momento de la oración; en el segundo, el palacio, donde descubrieron sabiamente el juego de los patios porticados con jardines y fuentes refrescantes como centro de dependencias mantenidas en la penunbra. En uno y otro tipo de edificio la abundante decoración, en yeserías o cerámica, se limita a formas vegetales, geométricas e incluso de escritura (cúfica), por cuanto el Corán prohíbe las representaciones humanas.
Eran musulmanes los mejores médicos, como Abubéker Mohamed ben Zacaría Arrazi (llamado Rhazes) o el médico del califa español Al-Hakam II, Abul Cassim el Zahraví; los mejores matemáticos, como Mohamed ben Musa Al-Juwarismi, los mejores filósofos como Avicena y Averroes, los mejores geógrafos como Ibn Jaldun, los mejores alquimistas y astrónomos... A través de Sicilia y de Al-Andalus, esta cultura se introdujo en Europa. Así los europeos conocieron la pólvora, el papel, la numeración arábiga, la brújula, el molino de viento o el cultivo del algodón y el arroz que están en la base de nuestra civilización.
El arte musulmán estuvo en función de la religión o de las clases económicamente ricas. En el primer aspecto crearon la mezquita, un edificio de amplios espacios para reunir a los creyentes en el momento de la oración; en el segundo, el palacio, donde descubrieron sabiamente el juego de los patios porticados con jardines y fuentes refrescantes como centro de dependencias mantenidas en la penunbra. En uno y otro tipo de edificio la abundante decoración, en yeserías o cerámica, se limita a formas vegetales, geométricas e incluso de escritura (cúfica), por cuanto el Corán prohíbe las representaciones humanas.

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