El feudo como unidad económica

Ante todo, el feudalismo es un sistema de producción basado en una agricultura-ganadería de consumo. Cada feudo tuvo que autoabastecerse, es decir, producir todo lo que necesitaba: comida, tejidos, herramientas... El cierre del comercio mediterráneo y la escasa circulación de numerario redujeron el comercio al mínimo. Las ciudades se despueblan: el feudalismo representa la mínima división del trabajo y prácticamente desaparece el intercambio campo-ciudad.

¿Cómo se origina el trabajo en el campo? A base de grandes latifundios o feudos que pertenecen a un señor-noble para quien trabajan una serie de siervos de la gleba o de villanos. En el feudo existían dos tipos de posesiones: las tierras que eran propiedad directa del señor y las tierras de sus vasallos. En las primeras trabajaban los siervos, que eran casi esclavos, y constaban de tierras de cultivo, bosques y pastizales. En ellas se encontraba el castillo del señor, centro económico y militar del feudo, construido en lugar estratégico alrededor de la torre del homenaje.

Los vasallos-villanos eran, en teoría, hombres libres, dueños de sus propias tierras de cultivo, que se llamaban mansos. Cada manso tenía unas viviendas y unas tierras de cultivo que alimentaban al villano y su familia. Debía existir una relación entre la extensión de las tierras del señor (terra indominacata) y el número de mansos que de ellas dependían, porque la mano de obra de las tierras del señor la formaban los villanos-vasallos de los mansos. Éstos se veían obligados a trabajar gratis unos días a la semana. Un señor con muchas tierras de cultivo y pocos mansos se vería obligado a alquilar mano de obra adicional.

Se usaba el barbecho como sistema de cultivo. La alternancia del barbecho podía ser doble o triple. En la primera, barbecho y cultivo alternaban cada año; en la segunda, se cultivaba por primera vez un cereal de invierno (trigo o centeno), un cereal de primavera (cebada, avena) durante el segundo año y se dejaba en barbecho el tercer año. El primer sistema se usaba preferentemente en dos amplias zonas, la mediterránea y la nórdica (Finlandia, Suecia), mientras que el de triple alternancia dominaba en las tierras intermedias, de clima atlántico húmedo: Inglaterra, Alemania, Países Bajos, Norte de Francia.


El castillo fue desde el primer momento el centro del feudo, lugar al que acudían los villanos y los siervos en caso de peligro. Se construía en un altozano, en una pequeña isla dentro de un río o en la parte más estratégica del feudo. La vida de los nobles en los castillos era aburrida. El señor cazaba y, preferentemente, guerreaba. El noble tenía el oficio de guerrero que luchaba contra sus vecinos o en campañas de su señor superior o del rey. Cuando las guerras escaseaban, el rey y los nobles organizaban torneos. Las mujeres bordaban o vigilaban la vida doméstica. Como las chimeneas no se inventaron hasta el siglo XII, en invierno los castillos eran particularmente fríos.


Los mansos podían tener las viviendas en el mismo campo de cultivo o reunidas constituyendo una pequeña villa. El manso empezó siendo una unidad familiar de cultivo. Con el tiempo y con el perfeccionamiento técnico, en las tierras buenas se produjo un aumento de densidad de población. Los señores feudales acabaron cobrando impuestos no por unidad-manso, sino por el número de familias que mantenía. En el siglo XIV, en algunos lugares privilegiados había cuatro familias por manso.


El arado de hierro o normando, con vertedera fija y montado sobre ruedas, permitió un laboreo más profundo de las tierras aluviales de los valles europeos. Era arrastrado por bueyes hasta que la collera permitió uncirle caballos, más fuertes y rápidos en el trabajo.


El ganado más numeroso eran las ovejas y los caballos. El señor, que era normalmente un guerrero, necesitaba tener muchos y buenos caballos para sus tropas. Por ello una gran parte del feudo se dedicaba a pastizales. Los bosques eran entonces, en Europa, inmensos.

Las herramientas eran también primitivas. Así, sólo muy lentamente se perfeccionó el viejo arado romano (deslizante), cuando le añadieron la vertedera fija. Más tarde, hacia el siglo XI, se hicieron arados más pesados sobre ruedas con lo que se consiguió una roturación más profunda.

Los adelantos más impotantes se hicieron, también lentamente, en el mejor aprovechamiento de la fuerza de los animales de tiro cuando se usó la collera y la herradura. Los molinos de viento no aparecieron hasta el siglo XII o XIII; pero en la etapa feudal se usó el molino de agua.

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