La feudalización de la Iglesia

La Iglesia cristiana adquirió la misma estructura estamental del feudalismo. Obispados y abadías eran grandes feudos, con sus tierras y vasallos. Obispos y abades, al mismo tiempo que clérigos dependientes de la Iglesia, eran vasallos de los reyes.

Una Europa rural y campesina exigía una Iglesia campesina. De aquí la gran importancia económica que tuvieron los monasterios. El monasterio o abadía era, en principio, un feudo. Tenía dependencias (monasterio propiamente dicho) alrededor de una iglesia, formando un grupo de edificios más o menos fortificados; disponía de tierras cultivables, pastizales o bosques de propiedad directa con sus propios siervos de la gleba y tenía también vasallos-villanos en mansos distribuidos cerca o lejos del monasterio.

Pero los monasterios jugaron también un papel muy importante desde el punto de vista cultural en la Europa feudal. Sus monjes fueron los que evangelizaron a los pueblos germánicos, los que les enseñaron los métodos de labranza y los que conservaron la cultura romana. Aplicando a sus propias tierras de cultivo mejores sistemas de trabajo, los monasterios se convirtieron en granjas-modelo para los campesinos vecinos. En sus bibliotecas se conservaron libros romanos y gracias a las copias a mano, que hacían cuidadosamente en los scriptorium, bastantes de estos libros han llegado hasta nosotros.

La orden monástica más importante fue la de los benedictinos, que se expansionó por toda Europa occidental y nórdica desde su casa central en Montecassino (Italia). Dos reformas de la orden de los benedictinos dieron mayor fuerza al monacato. La primera tuvo lugar en el siglo X en el monasterio de Cluny (Borgoña, Francia). La nueva reforma, que se extendió rápidamente a otros monasterios, establecía una dependencia directa con el Papado y proclamaba su independencia de cualquier poder civil. Los monjes cluniacenses (entre ellos, el Papa Gregorio VII) dirigieron la querella de las investiduras. Desde el punto de vista artístico fueron los propagadores del arte románico.

La reforma del Cister tuvo lugar casi doscientos años más tarde a partir del monasterio de Citeaux (Francia) y alcanzó su máximo apogeo gracias a la obra de San Bernardo de Claraval. Fueron ellos los que dieron un importante impulso a las mejores técnicas agrícolas, ya durante el siglo XIII, y propagaron el arte gótico.


Dispersos por el campo, los monasterios eran verdaderas universidades económicas, basadas en la agricultura y la ganadería, estructuradas como los feudos señoriales. Tenían tierras de propiedad directa y mansos con sus correspondientes vasallos. Pero los monasterios fueron también los únicos centros culturales de la Europa feudal.


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